CUANDO EL BÉISBOL ES UN RENACER PARA INMIGRANTES

Sabias

Vienen desde Venezuela y países de Centroamérica para salir de sus difíciles contextos sociales y económicos. Las historias de Víctor Lárez, Carlos Parra, Jefry Santiago y Yeinier Cano.

MUNDO D: Vienen de lejos para poder llegar lejos. Vienen de otros países para renacer acá en Argentina. Aquí donde a veces “todo está mal”, para ellos ese contexto “está bien”. Los venezolanos Víctor Lárez y Carlos Parra, el dominicano Jefry Santiago y el cubano Yeinier Cano están para ganarse la vida haciendo béisbol.

Y en Argentina no es un deporte nuevo, pero no goza de la popularidad o reputación de otros. Pertenece a otra cultura, aunque en Córdoba hay un grupo de personas que lo desarrolla con pasión y dedicación, fomentando su crecimiento.

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La Liga Argentina de Béisbol (LAB) está en su segundo año y se nutrió con jugadores de centroamérica y el caribe para elevar y mejorar su nivel. Allí hay ligas fuertes y el deporte es más popular, pero la situación económica es un llamador a salir.

Ese es el caso de muchos de los foráneos que “escapan” de sus realidades en busca de un estilo de vida diferente en una liga profesional, en Estados Unidos.

Hay seis equipos en la Liga. Tres de aquí y los otros en Salta. Las franquicias locales son Pumas, Falcons y Cóndores. Las dos primeras son del club Dolphins y la otra del Arias Béisbol Club, que llegó de la fusión de Alas Argentinas y Lasalle. En Salta están Infernales, Popeye y Atléticos.

Entre los tres clubes de la ciudad, este año suman 13 extranjeros con realidades e historias diferentes, que eligieron nuestro país como hogar por tres meses (algunos más), el tiempo que dura la competición. Varios cobran un sueldo, pero otros llegaron con lo puesto, pidiendo una oportunidad y aceptando las condiciones.

Una historia

Víctor Lárez nació en Cumaná, Venezuela, y tiene 31 años. Llegó a jugar en las llamadas ligas menores de Estados Unidos y tuvo pasos por su país, México y Panamá. Llegó para jugar esta temporada y viste la camiseta de Pumas. “Estoy muy agradecido por esta chance y me gustaría aportar para que esta liga crezca”, contó.

Su puesto en el diamante de juego es el de lanzador o pitcher. Toda su carrera se formó a través del sueño de algún día poder vivir de este deporte. Como la liga local es corta, al terminar partirá hacia otro país para poder mantener a su familia.

“La situación en Venezuela ya no es un secreto para nadie. Estamos viviendo momentos feos. A mí me afectó y tuve que salir de ahí porque tengo una hija, que es mi luz. Es una situación complicada. Ella y mi pareja ahora están en Ecuador”, relató Víctor.

Carlos Parra también es venezolano y hace unos días cumplió 36. Junto con Víctor, llegaron hace tres semanas al país y comparten una habitación que les brindó el club Dolphins. Cobran un sueldo y además les brindan la comida todos los días.

Carlos hizo casi toda su carrera en su país, jugando en la segunda división.

Es miembro de la selección venezolana y viene de jugar los Juegos Centroamericanos y del Caribe. También es lanzador y conoció la Liga Argentina gracias a un compatriota que juega en Pampas. Necesitaba un cambio y por eso le pidió a él que hablara con los directivos de Argentina para venirse. Fue contratado por la LAB y llevado a Pumas. Ellos pagan sus gastos. Y Carlos pudo cumplir su objetivo de buscar algo mejor.

“Nunca había salido del país salvo para jugar con mi selección. Allá quedaron mi familia y mi pareja. Ya tenía planificado irme. Sino era a jugar al béisbol iba a ser para trabajar, pero no tenía pensado quedarme. Las cosas están duras en Venezuela y cada día se pone peor”, sostuvo Carlos.

En Falcons juega Jefry Santiago. Es de República Dominicana, tiene 26 años y es pitcher. Su historia es bastante diferente a las dos anteriores, pero coinciden en un punto: buscar un futuro mejor. Cuando tenía 19 años fue fichado por un equipo de Estados Unidos, pero por irregularidades en su documentación fue suspendido por un año. Allí el béisbol dejó de ser una prioridad para él.

“Yo vengo de familia pobre. Cuando firmé por primera vez, con la plata que me dieron hice mi casa de ladrillos, porque antes era de madera. Cuando tuve el problema con la documentación me quitaron el dinero que me quedaba. Tengo una hija y tuve que ponerme a trabajar, no podía esperar un año a que se me pasara la suspensión. Trabajé para un banco, que tenía un club, entrenando a los chicos y brindando servicios”, contó.

Hace casi tres años, vino de vacaciones a Argentina porque su padre vive en nuestro país desde hace mucho tiempo. Este le comentó que acá se jugaba al béisbol y fueron a Buenos Aires para hablar con gente de Los Gauchos, la selección de nuestro país.

Lo probaron y se entusiasmaron con su nivel. En Córdoba se sumó a Dolphins y la familia Majul, dueños del club, le dieron trabajo en su empresa y un departamento en las instalaciones para que pudiera quedarse. “Siento que volví a nacer acá. La liga tiene muy buen nivel, con los extranjeros que han venido se hizo muy competitiva. Yo calculo que en cinco años no tendrá nada que envidiarle a ninguna otra”, sostuvo.

La historia de la Liga de Béisbol

En enero obtendrá la residencia en Argentina y su intención es poder traer a su hija a vivir a Córdoba. Sabe que le debe algo a nuestro país, por haberle devuelto la ilusión de ser jugador. En su cabeza todavía queda la posibilidad de pegar el salto a las Grandes Ligas, y no se rinde.

“Estaría bueno poder ir a una liga más fuerte, pero siempre voy a estar pendiente de Argentina. Yo le agradezco mucho a este país y algo tengo que dejarle. Mi sueño es poder seguir trabajando duro acá y que otro equipo de Grandes Ligas me pueda contratar, y tengo fe que va pasar”, cerró.

María José Majul es presidenta del club Dolphins, es hija de los fundadores y vive de una manera especial la posibilidad de que jugadores extranjeros encuentren en Argentina un lugar para volver a despegar, al tiempo que ayudan al crecimiento del deporte local.

“Si bien uno quiere ganar un partido o una liga, cuando empezás a ver la situación de algunos refuerzos, se mezcla con la ayuda o el socorro. Muchos de los chicos que están acá la pasaron mal. Que ellos estén acá, comiendo y teniendo un lugar donde dormir, es increíble. Dejan a sus familias en sus países y envían el poco dinero que pueden juntar. Si tuvieran que venirse caminando, se vienen. La situación es muy compleja”, relató.

Un diamante en bruto

También hay situaciones que, un poco por azar y otro poco por la buena organización de la liga, hacen que Argentina hoy esté en boca de muchos medios estadounidenses.

En Cóndores juega Yeinier Cano, un lanzador cubano de 25 años que es seguido de cerca por equipos de las Grandes Ligas de Estados Unidos. Fue declarado agente libre y cuando complete la competición en nuestro país podría firmar por cifras millonarias.

Su estadía aquí se debe a que, por normas laborales de la Major League Baseball, debía completar seis participaciones en competencias oficiales para llegar sin restricciones por su condición de extranjero. Tenía cinco de su paso por Cuba y con una más cumplía los requisitos. Su agente había vivido en nuestro país y lo trajo.

En Buenos Aires se contactaron con jugadores cubanos, del equipo Amendares. Conocieron a Pablo Tesouro, director ejecutivo de la LAB, y así recaló en Córdoba para jugar en Cóndores. Su origen es humilde, como la mayoría de los beisbolistas, y su sueño es poder dar el paso hacia el mejor béisbol del mundo.

“Vengo de una familia humilde, me criaron mi madre, que falleció, y luego mi hermana. Vengo de una zona rural. Juego al béisbol desde que tengo seis años. Un profesor me vio jugando en el barrio y me dijo que tenía posibilidades. Y arranqué. Nos costaba mucho a los que veníamos del campo ser tenidos en cuenta”, contó Yeinier.

A los 18 años debió hacer el servicio militar como todo cubano y perdió ritmo. Pero cuando regresó, jugó para el equipo Ciegos de Ávila y con su selección logró la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto.

Cano quería más, dar ese gran paso, y por eso renunció a jugar en su país. Las cosas no salieron como se esperaba y tuvo que volver. Allí no lo dejaron jugar más y por eso hace seis meses que está en Argentina. “Vine acá con poca expectativa porque sabía que no se jugaba mucho al béisbol. Pero al llegar me di cuenta de que tienen mucha calidad, los jugadores extranjeros aportan bastante”.

Su esposa lo acompañó en esa aventura y en su país quedaron su hermana, su sobrino y unos tíos. Yeinier sabe que está cerca de completar el sueño, pero valora la chance que le dio Argentina de prepararse de la mejor manera. “El equipo me abrió los brazos sin ningún problema. Me llevo bien con todos, somos una familia”, dijo sobre sus compañeros en Cóndores.

El primer campeón argentino fue…

“Que él salte desde Argentina a Estados Unidos nos va a abrir una gran puerta, porque nuestra liga va a sonar allá y muchos jugadores van a ver con buenos ojos venir. Nos va a dar una repercusión impresionante. Nos pone en los ojos del béisbol internacional”, dijo sobre él Pablo Tesouro.

“Estoy acá preparándome para seguir, para buscar otra liga, No sé si será en Dominicana o Estados Unidos. Uno siempre tiene el sueño de jugar en las Grandes Ligas. A veces tenemos que tomar decisiones difíciles para dar ese paso”, cerró convencido este pitcher cubano. Está para ganarse la vida haciendo lo que le gusta.

Qué es la Liga Argentina de Béisbol

La Liga Argentina de Béisbol se fundó en 2017 y está compuesta por cinco clubes que participan con seis franquicias (o sea, seis equipos). Es una federación bien cordobesa ya que su presidente, Federico Tanco, y su vice, José Majul, son de nuestra ciudad. Nació con el objetivo de promover la práctica del deporte y en eso los extranjeros cumplen un rol fundamental.

“Este año, los equipos se han comprometido en querer mejorar, todos se han reforzado muy bien. Los extranjeros van a permitir que en tres o cuatro años lleguemos al nivel que hoy tiene Italia, por ejemplo. En el futuro queremos regular ese tema para que puedan jugar los nuestros, no queremos una liga llena de extranjeros”, sostuvo Federico Tanco, que también juega en Cóndores.

María José Majul es secretaria de LAB y reconoció el esfuerzo que se hizo para poder poner en funcionamiento la segunda edición de la competencia, atendiendo a la realidad económica del país. “Te sentís con la tarea cumplida que ya se esté disputando la temporada. Siempre hay que ir por más. Al principio se complicó por la gran suba del dólar, porque a los chicos que vienen de afuera se les paga con esa moneda”, sostuvo.

La Liga provee a cada equipo la indumentaria. Los bates se obtienen a precio de fábrica. También paga los árbitros, las pelotas y las luces, en caso de ser necesario.

Todo eso se financia en gran parte con el principal sponsor, que adquirió el 49% de la federación. Se tomó como modelo para la federación a la Superliga o a la Asociación de Clubes de la Liga Nacional, para poder realizar un plan que sea sostenible en el futuro.

Hoy Argentina integra la Asociación Latinoamericana de Béisbol Profesional.

Así, el campeón participará en un torneo en México con los demás ganadores. En 2024, será sede.

“La idea de traer jugadores extranjeros con experiencia profesional era la de incrementar el nivel de juego y de competitividad. La época del año en la que se desarrolla la liga es estratégica porque la mayor cantidad de ligas competitivas de Latinoamérica ya finalizaron y eso atrae a beisbolistas para continuar jugando y sumar más experiencia”, completó el panorama Pablo Tesouro.

 

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